Aquí les dejo el Prólogo de esta y nueva maravillosa obra de la escritora María Gracia. Presentado el día 13 de mayo de 2014 en la Fundación Universitaria Española en Madrid.
PRÓLOGO
Quiero a los chopos: a los
chopos que bailan cuando suena el viento;
a los chopos que aplauden
cuando desfila la brisa.
Sólo de una persona con un
alma grande y una pluma extraordinaria puede salir una obra espléndida: nadie
da lo que no tiene. María Gracia, autora de esta novela, La conspiración del 23 F,
es una mujer con un alma grande, tan grande que todo en ella es alma: los que
la conocen lo saben. Y su pluma se sale de lo ordinario y adquiere carácter
excepcional en un vuelo de altura por aires de naturalismo sereno; aterrizando
en una gran pentalogía, Remembranzas, de la que La conspiración del 23 F es
la tercera obra.
Las nubes ocultan el sol para todos aquello
que no vuelan alto.
La conspiración del 23 F es una novela relista con marcada
resonancia naturalista; o, dicho de un modo más matizado, una novela de estilo
naturalista español, en el que las sombras del determinismo materialista,
búsqueda de las causas de un fenómeno en la herencia genética y el medio
ambiente, introducido por el Padre del Naturalismo (Émile Zola), se desvanecen
ante el resplandor del libre albedrío, que le da al ser humano la potestad de
obrar por reflexión y elección, la posibilidad de elegir entre el bien y el
mal, y con el que la escritora María Gracia ilumina su obra literaria. Esto
trae a mi memoria un viejo cuento, anónimo; El cuento del viejo cherokee,
que dice así:
Una mañana, un viejo
cherokee le hablaba a su nieto acerca de una batalla que ocurre en el interior
de las personas; y le dijo:
-Hijo mío, la batalla es entre
dos lobos dentro de todos nosotros. Uno es “malvado”: es ira, envidia, celos,
tristeza, pesar, avaricia, arrogancia, autocompasión, culpa, resentimiento,
inferioridad, superioridad, mentiras, falso orgullo, ego... El otro es “bueno”:
es alegría, paz, amor, esperanza, serenidad, humildad, bondad, benevolencia,
empatía, generosidad, verdad, compasión, fe...
El nieto lo meditó por un momento,
y luego preguntó a su abuelo:
-¿Qué lobo gana?
El viejo cherokee respondió:
-Aquel que tú alimentes.
Las palabras del viejo
cherokee, revelan una gran verdad sobre la vida de los seres humanos; pero se
olvidó decirle a su nieto, o, tal vez, lo dejó para más adelante, que debemos
estar muy pendientes de esa lucha que se libra en nuestro interior entre el
lobo malvado y el lobo bueno; porque, si el lobo malvado gana la lucha, nos
convertimos en sus esclavos, esclavos de nuestras propias maldades, y es muy
difícil escaparse de sus garras.
A veces ocurre; no pocas,
por desgracia; que un espíritu perverso de los vivos, ante la pasividad y en
algunos casos complicidad de la propia sociedad, o de los muertos, ante la
falta de amor, se mete dentro de nosotros y alimenta al lobo malvado hasta
conseguir que éste gane la lucha.
Hay sombras que son sombras
porque son hijas de la
noche;
y hay sombras que son
sombras
porque un árbol, un árbol
infernal,
se interpuso entre ellas
y el sol.
El determinismo materialista va perdiendo
credibilidad a medida que aumenta el conocimiento
sobre la mente del ser humano: últimamente ha
cobrado mucha fuerza el concepto de un “cuerpo mental” que transciende al
cuerpo físico y cuyo poder es inmenso; pudiendo llegar hasta cambiar la propia
genética del ser humano, hacer que éste se “reinvente”.
Ave Fénix, ave
fabulosa, revélame tus secretos;
para que tenga
el valor de incinerar mis miserias,
y la
virtud de renacer impoluto a la Vida.
La credibilidad que pierde el naturalismo
materialista de Zola la gana el naturalismo español (naturalismo, más de forma
que ideológico, compatible con el sentimiento cristiano); reverdecido por María
Gracia en su pentalogía
Remembranzas, y, por consiguiente, en esta
novela,
La conspiración del 23 F, que, como se ha dicho, es
la tercera obra de la citada pentalogía. Estilo literario en el que pueden
englobarse grandes obras de la literatura española, como:
La Tribuna, de
Emilia Pardo Bazán (1851-1921), considerada
la primera novela naturalista escrita en España;
La desheredada, de Benito Pérez Galdós (1843-1920;
La Regenta,
de Leopoldo García-Alas y Ureña “Clarín” (1852- 1901)
; Antonia
Fuertes, de Juan
Armada y Losada
“Marqués de Figueroa” (1861- 1932);
Pequeñeces, de Luis Coloma Roldán
(1851-1915), etc. No se incluye
Cañas y barro, del escritor valenciano
Vicente Blasco Ibáñez (1867-1928), considerado el “Zola” español, ya que
refleja un naturalismo intenso, muy cercano al naturalismo materialista de
Zola, cuyo anticlericalismo se aleja del sentimiento cristiano de María Gracia.
Es propio de la persona sabia
tener al espíritu por guía,
pues sólo éste conoce
el camino de la gloria.
Dentro del
estilo de naturalismo español, esta novela,
La
conspiración del 23 F, brilla
con luz propia; siendo de destacar:
La riqueza del léxico que la autora emplea en su
obra, como puede apreciarse en frases tales como esta: “... el pueblo se
enteraría, de una vez por todas, quien era su mezquina ama; una mujer hirsuta y
sin reconcomio”... O como esta otra: “... era igualito que una muerta recién salida
de su yacija”... Riqueza léxica que matiza con especial delicadeza las
expresiones; y a la que hay que añadir la gran sensibilidad de la autora por el
lenguaje vivo y popular, en tono cervantino.
La cantidad y diversidad de los personajes que
entran y salen de las páginas de la obra en el momento oportuno y durante el
tiempo justo para dejarnos toda la esencia de sus apasionantes vidas; de unas
viadas que reflejan las miserias y la grandeza de los seres humanos, y que son
presentadas y coordinadas con suma maestría por María Gracia. Se distinguen los
personajes que componen el trío amoroso formado por: Amparo, la protagonista;
una “respetuosa ramera” que nace y se cría en la más profunda pobreza, en un
inmundo basurero, entre las más horrendas alimañas... (imaginarlo pone los
pelos de punta); hidalga prostituta, maestra en el arte del amor y la
seducción, que consigue una gran fortuna y el respeto de la gente, que perdona,
que ayuda al desvalido y que acaba arriesgando su fortuna y su vida por el más
noble ideal, ¡la libertad de su pueblo!; una flor de loto que brota en un
pestilente lodazal. Pepe, el fiel escudero; un hombre de campo, sabio, honrado,
trabajador, limpio...; “tantos adjetivos componían su forma de ser –se lee en
la obra– que era una persona muy querida por todos los que lo conocían”. Y
Paco, el abogado; un caballero urbano de exquisita educación, mujeriego, truhán
y libertino... que entra al servicio de Amparo con perversas intenciones, y
sucumbe, desde el primer momento, a los encantos de la meretriz de la que se
enamora perdidamente con un amor que se expande más allá del horizonte; “me
consta que Dios te tiene un sitio reservado por todo lo que has pasado...
cuando eres la mujer más buena, generosa y dulce que conozco...” –dice Paco,
dirigiéndose a Amparo.
El carácter propio de la novela: genuino, transparente,
ameno, interesante, vigoroso...; alejado de normas y demás condicionantes
que limiten su expresividad. De María Gracia
puede decirse, sin merma de su sello, personal e inconfundible,
lo que se dice de Benito Pérez Galdós: “No
pretende ser preciosista en la manera de escribir; busca la espontaneidad, la
agilidad y la expresividad”. Por su estilo, pasión, bravura y defensa de la
mujer, la autora de
La conspiración del 23 F nos recuerda, con especial
relevancia, a la insigne escritora gallega Emilia Pardo Bazán.
La Escritora María Gracia,
mujer de intensa vida y de una profunda intuición, cala en el alma de los seres
humanos; los observa, los desnuda y, con su espléndida pluma, los retrata en
sus novelas, mostrándonos sus esencias: aquello que tienen de barro y aquello
que tienen de Dios.
Los seres
humanos,
todos los
seres humanos,
están colmados
de miserias:
¡benditas
miserias
si no nos
arrastran!
La lectura de esta novela,
La conspiración del 23 F,
y de las que, junto con ella, van conformando la pentalogía
Remembranzas, produce el efecto de lo
visto y lo vivido por la autora, de todo aquello que nos cuenta en sus páginas;
acercando al lector a los personajes de la misma hasta el punto de llegar a
sentir el latido
de sus corazones y
vibrar, al unísono, en una aventura ilusionante por los caminos de la vida.
Poéticamente hablando, podemos decir que
La conspiración del 23 F es un pétalo; un pétalo de una flor de cinco pétalos,
de una rosa; de una rosa genuina, silvestre..., llamada
Remembranzas, que brota en el campo de la inmortalidad.
Poéticamente hablando, podemos decir que
La conspiración del 23 F es ese pétalo de rosa, desplegado al sol, que
enamora a quien lo contempla; y que éste guarda,
como un hermoso tesoro, entre las páginas doradas de su Diario.
MANUEL CAMACHO FERNÁNDEZ
Prosista y poeta.